El vértigo global impuesto por el año y medio transcurrido desde el comeback de Donald Trump a la Casa Blanca escapa no ya a la razón sino a la retina, al menos la que solíamos emplear para seguir la secuencia de los acontecimientos de la política internacional. Prescindiendo aquí del comentario crítico a la brutalidad de su política interior (y las protestas desatadas por las acciones del ICE).
En el Pleno de enero del Parlamento Europeo (PE) celebrado en Estrasburgo hubo, al menos, tres puntos destacables, sea por su significado, sea por su densidad o por ausencia de ella.
"Europa no puede, no es capaz". En las últimas jornadas, sucesivas a la intervención en Venezuela, hemos venido asistiendo, en toda su variedad de versiones, a la descalificación de la UE a propósito de su silencio, falta de reacción reconocible y unitaria ante la patada al tablero del orden internacional perpetrada por Trump al frente de EEUU, superpotencia a la que tradicionalmente se la estimaba como aliada preferente desde este lado del Atlántico.
En el Debate sobre el Estado de Derecho en España.
Sobre las reformas de los tratados de la Unión Europea
Se trata de los resultados de la Comisión de Investigación sobre el espionaje con ''Pegasus''.
Sobre las conclusiones de la Comisión de Investigación de la UE sobre el espionaje con Pegasus.
Sobre el Pacto de Migraciones y Asilo.
Sobre la erosión del Estado de Derecho y pluralismo informativo, Grecia y UE