A lo largo del año y medio transcurrido desde el arranque de la Legislatura 2024/2029 del Parlamento Europeo (PE), de entre las incontables iniciativas impuestas por esa "nueva mayoría" que suma los escaños del Partido Popular Europeo (PPE) con los de los tres Grupos a su ultraderecha (Patriotas, Conservadores y Soberanistas) para hostigar al Gobierno de España que preside Pedro Sánchez —referente de políticas progresistas en una UE escorada como nunca hacia el extremismo reaccionario—, ninguna nos había venido tan bien hasta la fecha como la de injertar en el Orden del Día del Pleno de febrero en Estrasburgo un debate sobre la regularización extraordinaria de inmigrantes decidida a principios de este 2026.
El vértigo global impuesto por el año y medio transcurrido desde el comeback de Donald Trump a la Casa Blanca escapa no ya a la razón sino a la retina, al menos la que solíamos emplear para seguir la secuencia de los acontecimientos de la política internacional. Prescindiendo aquí del comentario crítico a la brutalidad de su política interior (y las protestas desatadas por las acciones del ICE).
En el Pleno de enero del Parlamento Europeo (PE) celebrado en Estrasburgo hubo, al menos, tres puntos destacables, sea por su significado, sea por su densidad o por ausencia de ella.
En el Debate sobre el Estado de Derecho en España.
Sobre las reformas de los tratados de la Unión Europea
Se trata de los resultados de la Comisión de Investigación sobre el espionaje con ''Pegasus''.
Sobre las conclusiones de la Comisión de Investigación de la UE sobre el espionaje con Pegasus.
Sobre el Pacto de Migraciones y Asilo.
Sobre la erosión del Estado de Derecho y pluralismo informativo, Grecia y UE