Es realmente llamativo —reviste incluso tintes históricos, adjetivo este del que tanto se abusa en escenarios de menor cuantía— que la conciencia de la UE acerca de la imperiosa necesidad de hacerse cargo de su propia Defensa, con autonomía estratégica y una doctrina propia de seguridad exterior (en nuestra frontera con Rusia) e interior, (protegiendo nuestras democracias y nuestros valores) haya sido "despertada" (Awakening Call, se dice) más por segunda llegada de Trump a la Casa Blanca, que por el tercer año cumplido de la sanguinaria guerra de agresión de Putin contra Ucrania.
Semblante cortés y fuerte apretón de manos. Así se presentaba el eurodiputado socialista del Parlamento europeo, Juan Fernando López Aguilar, en el plató de Atlántico Interviú para conceder una entrevista; probablemente, la más discordante en alusión al actual panorama geopolítico dados los últimos hechos acaecidos. Durante 34 minutos y con el ímpetu que le caracteriza, el grancanario abordó la guerra arancelaria, la inversión en Defensa o la gestión migratoria, admitiendo con cierta tristeza que “la comunidad internacional que construimos después de los desastres de la Primera y La Segunda Guerra Mundial se está desmoronando a nuestra vista”.
Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, a cuantos frecuentamos los asuntos europeos nos resulta imposible abordar una intervención, tribuna, entrevista sin una consciencia clara de la aceleración de su emplazamiento histórico. Gravita sobre las opiniones públicas de los Estados miembros (EEMM) de la UE una sensación de gravedad que es fuente y eco al mismo tiempo de la conversación en las Instituciones y los liderazgos políticos.
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